¿O por Fe y Obras? – PARTE II
En mi artículo anterior sobre la Fe y las Obras, vimos cómo la Biblia enseña la salvación por la fe y las obras, y no solo por la fe (Sola Fides). Examinemos esto con más detalle.

Muchas personas honestas creen que son salvas solo a través de la fe, pero muchas de estas mismas personas simplemente no saben que esta doctrina fue inventada por Martín Lutero. Aún menos se dan cuenta de que los primeros cristianos nunca creyeron o aceptaron Sola Fides. Realmente es una enseñanza muy posterior. (Para aquellos que deseen ver algunas citas de los primeros cristianos, enumeraré algunas al final de este artículo).

La mayoría de los protestantes malinterpretan lo que enseña la Iglesia Católica con respecto a la fe y las obras. Se cree que los católicos pueden abrirse camino al cielo, ganarse la salvación, o a su manera merecer la vida eterna simplemente siendo buenas personas. Todo esto es flagrantemente incorrecto.

A pesar de los ataques de los fundamentalistas protestantes, la Iglesia Católica es más que consciente de que una persona no puede llegar al cielo por mérito propio. La Iglesia nunca ha enseñado esto, y cualquier católico que “simplemente trata de ser lo suficientemente bueno” está equivocado y no conoce su fe. Muchos protestantes puede que ya estén respirando aliviados, felices de escuchar esto. Y es la verdad.

De hecho, la Iglesia Católica condenó esta herejía, conocida como pelagianismo en el siglo V, que enseñaba que podías abrirte camino al cielo por mérito propio. No. ¡No hay tal cosa! Una persona necesita fe en el Señor Jesús, porque sólo su pasión, muerte y resurrección pueden expiar nuestros pecados y abrir el camino al cielo.
La enseñanza oficial de la Iglesia Católica es que la salvación es un regalo gratuito de Dios, y no hay nada que podamos hacer para ganarla. El pecado nos separa permanentemente de Dios, y mil millones de buenas obras no pueden llenar ese vacío. Solo Jesús y Su eterno sacrificio pueden hacerlo. Creo que Protestantes y Católicos pueden estar de acuerdo en este punto.

La Iglesia Católica enseña, al igual que la Biblia, que somos salvos solo por “la gracia del Señor Jesús” (Hechos 15:11). Esto significa que incluso tener fe es una gracia. También significa que todas las buenas obras que Dios nos ordena hacer solo pueden ser realizadas por Su poderosa gracia. (Como nota al margen, la práctica católica del bautismo de infantes es prueba de que los católicos no necesitan ganarse la salvación. Los bebés son justificados por la gracia de Cristo sin hacer nada).

Dicho esto, también es falso que las obras no cuentan para nada. Si bien no podemos “ganarnos” nuestra salvación, Dios nos ordena hacer buenas obras (Efesios 2:10) y seremos juzgados por esas obras (Mt. 25:31-46). Se supone que la fe y las obras van de la mano. No es solo la fe. Tampoco solo las obras. Son ambas, trabajando juntas.

¡Algo muy revelador es que cada pasaje de la Biblia que habla sobre el Día del Juicio y respecto a qué seremos juzgados, menciona que seremos juzgados por las obras! Ahora, obviamente, esto no se refiere solo obras o a ganarnos con obras nuestra entrada al cielo, sino que son obras hechas en fe. En otras palabras, es una fe que obra lo que nos salva. La fe y las obras son inseparables. Estos son algunos de esos versículos. Son muy sencillos.
Ap 20:12 “Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante el trono, mientras eran abiertos unos libros. Luego fue abierto otro, el libro de la vida. Entonces fueron juzgados los muertos de acuerdo con lo que está escrito en esos libros, es decir, cada uno según sus obras.”
Ap 22:12 “Voy a llegar pronto, y llevo conmigo el salario para dar a cada uno conforme a su trabajo.”
Mt 16:27 “Sepan que el Hijo del Hombre vendrá con la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno según su conducta.”
Mt 25:31-46 “Dirá después a los que estén a la izquierda: ‘¡Malditos, aléjense de mí y vayan al fuego eterno, que ha sido preparado para el diablo y para sus ángeles!’ Porque tuve hambre y ustedes no me dieron de comer; tuve sed y no me dieron de beber;’ era forastero y no me recibieron en su casa; estaba sin ropa y no me vistieron; estuve enfermo y encarcelado y no me visitaron. Estos preguntarán también: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, desnudo o forastero, enfermo o encarcelado, y no te ayudamos?’ El Rey les responderá: ‘En verdad les digo: siempre que no lo hicieron con alguno de estos más pequeños, ustedes dejaron de hacérmelo a mí.”
Rm 2:5-7; 10-13 “Si tu corazón se endurece y te niegas a cambiar, te estás preparando para ti mismo un gran castigo para el día del juicio, cuando Dios se presente como justo Juez. El pagará a cada uno de acuerdo con sus obras. Dará vida eterna a quien haya seguido el camino de la gloria, del honor y la inmortalidad, siendo constante en hacer el bien […] La gloria, en cambio, el honor y la paz serán para todos los que han hecho el bien, en primer lugar para el judío, y también para el griego, […] Porque no son justos ante Dios los que escuchan la Ley, sino los que la cumplen. “
2 Co 5:10 “Pues todos hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir cada uno lo que ha merecido en la vida presente por sus obras buenas o malas.”
Y hay muchos más. Léelos de nuevo si es necesario. Nadie puede leer estos pasajes y afirmar que las obras “no valen para nada” o que “no son necesarias”, como enseñan muchas denominaciones protestantes. Los protestantes que enseñan que son necesarias, incluso si no cuentan para la salvación, están de acuerdo o se acercan a la enseñanza de la Iglesia Católica.

La necesidad de la fe y las obras se ha enseñado durante más de 2000 años, mientras que la enseñanza de “solo por la fe” fue inventada por Martín Lutero en el siglo XVI.

La Verdad acerca de la Fe y las Obras

La primera vez que Pablo menciona las obras en Romanos se encuentra en Romanos 1:5, donde habla de la fe que obra en la obediencia, o “la obediencia a la fe”, según la traducción. La fe y la obediencia (que son obras) siempre van de la mano y no pueden separarse. Es por eso que cuando alguien le preguntó a Jesús en las Escrituras cómo llegar al cielo, Jesús no les dijo que “simplemente crean” y luego “busquen una buena iglesia bíblica”. No, más bien le dio la respuesta católica: “Cumple los mandamientos” (Mt. 19:16-17). Vemos esto también en Mt. 7:21-23 y Lc. 6:46, donde Jesús nos dice que debemos hacer la voluntad de Dios para entrar en el reino de los cielos. Dice: ” No bastará con decirme: ¡Señor!, ¡Señor!, para entrar en el Reino de los Cielos; más bien entrará el que hace la voluntad de mi Padre del Cielo.” Lc. 6:46 agrega: “¿Por qué me llaman: ¡Señor! ¡Señor!, y no hacen lo que digo?”. Así, la obediencia a la voluntad de Dios es un requisito necesario para obtener la salvación. Después de todo, ¿cuál es la diferencia entre alguien “salvado” y alguien que no es “salvado”? El creyente es el que hizo algo, una obra: creyeron, se arrepintieron, confesaron y se apartaron de su vida anterior. Todas esas son obras, no solo el creer. “Hasta los demonios creen”. Creer no es suficiente.

La gente no puede hacer lo que quiera y todavía esperar llegar al cielo simplemente creyendo (1 Corintios 6:9-10; Gálatas 5:17-21; Hebreos 12:26-27; 1 Juan 1:6, 2:3-4; Juan 15:5-6, 7, 10, 14; 2 Pedro 2:20-22; Apocalipsis 3:3-5, 16, etc.). No hay nada acerca de solo por la fe en estos pasajes o en los siguientes.

Mt. 19:16-17 “Un hombre joven se le acercó y le dijo: ‘Maestro, ¿qué es lo bueno que debo hacer para conseguir la vida eterna?’ Jesús contestó: ‘¿Por qué me preguntas sobre lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Pero si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos. El joven dijo: ‘¿Cuáles?’ Jesús respondió: ‘No matar, no cometer adulterio, no hurtar, no levantar falso testimonio, honrar al padre y a la madre y amar al prójimo como a sí mismo. El joven le dijo: ‘Todo esto lo he guardado, ¿qué más me falta?’ Jesús le dijo: ‘Si quieres ser perfecto, vende todo lo que posees y reparte el dinero entre los pobres, para que tengas un tesoro en el Cielo. Después ven y sígueme. Cuando el joven oyó esta respuesta, se marchó triste, porque era un gran terrateniente.” (Nota: Jesús lo llamó a hacer más que solo cumplir los mandamientos para obtener la salvación. Todo lo contrario de simplemente aceptar a Jesús como su Señor y Salvador, lo cual debemos también debemos hacer.).

1 Juan 2:3-4 “Vean cómo sabremos que lo conocemos: si cumplimos sus mandatos. Si alguien dice: ‘Yo lo conozco’, pero no guarda sus mandatos, ése es un mentiroso y la verdad no está en él. (Nota: las personas que afirman seguir a Jesús pero creen que pueden hacer lo que quieran, no están en la verdad y no son verdaderos seguidores de Jesús).

Santiago 2:14-17, 21-24 “Hermanos, si uno dice que tiene fe, pero no viene con obras, ¿de qué le sirve? ¿Acaso lo salvará esa fe? [La respuesta obvia es NO]. […] Lo mismo ocurre con la fe: si no produce obras, muere solita. […] Abrahán, nuestro padre, ¿no fue reconocido justo por sus obras cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? Ya ves que la fe acompañaba a sus obras [la posición católica], y por las obras su fe llegó a la madurez. Esto es lo que recuerda la Escritura: Abrahán creyó en Dios, y por eso fue reconocido justo, y fue llamado amigo de Dios. Entiendan, pues, que uno llega a la verdadera rectitud [se es salvo] a través de las obras y no sólo por la fe.” (Más sobre esto en mi próximo artículo sobre Fe y Obras de Romanos y San Pablo).
Gal 5:6 – “Para los que están en Cristo Jesús ya no son ventajas el tener o no tener la circuncisión; solamente vale la fe que actúa mediante el amor.” (El amor es una obra.)

Y muchos más. En lugar de escribirlos todos, enumeraré muchos más a continuación. No somos salvos solo por la fe, sino por:

— Fe y obras (Santiago 2:19-24; Juan 6:28-29; Efesios 2:10)

— La obra del amor; sin amor, la fe no puede salvarte (1 Co. 13:1-3). Nota: El amor es una obra así como lo es la fe (Gálatas 5:6). Creer es algo que haces (Jn. 6:28-29). Por eso Pablo habla de la obediencia de la fe, Rm. 1:5).

— La necesidad de caminar en la luz, permanecer fieles al Evangelio y amarse unos a otros (1 Jn. 2:3-4; 1 Jn 2-10-11);
— Las obras son necesarias para acompañar la fe (Mt 25: 31-46; St 1: 22; Tt 3:8).

Las obras solas no nos salvarán. La fe sola no nos salvará. Una fe que obra lo hará. Tanto la fe como las obras son necesarias. Como dice la Biblia: “Tú tienes fe, pero yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin obras, y yo te mostraré mi fe a través de las obras.” (Santiago 2:18). ¡No hay verdadera fe sin obras, y por lo tanto, no hay salvación!

Los Primeros Cristianos

Aquí presento algunos de los primeros cristianos tratando este tema. Sólo unos pocos entre muchos. A veces, los protestantes pueden señalar ocasiones en los que los primeros cristianos, como San Agustín o San Juan Crisóstomo, por ejemplo, hablan de la fe sin obras, del hecho de que una persona no puede ganar la salvación o que las obras están condenadas en las Escrituras. Sin embargo, de lo que no suelen darse cuenta, bien porque no los han leído bien, bien porque no los leen en su contexto, es que se refieren a aquellos gnósticos, paganos o judíos que creían poder salvarse por sus propias obras (que por cierto la Iglesia Católica también condena). También están condenando las obras judías de la ley, los rituales obsoletos que no tienen poder para salvar. Muchos de sus escritos están dirigidos a personas como los pelagianos a quienes la Iglesia Católica también condena. Solo condenaron las obras solas, o las obras hechas aparte de la gracia de Cristo, nunca las obras en conjunto con la fe o hechas por la gracia de Dios (con lo cual los católicos están de acuerdo).

San Ireneo (180 d.C.): “Porque Dios al principio, en verdad, advirtiéndoles por medio de preceptos naturales, que desde el principio había implantado en la humanidad, esto es, por medio del Decálogo (que, si alguno no lo cumple, no tiene salvación), no les exigió nada más. […] mientras que al mismo tiempo Dios emitió Sus propias exhortaciones, para que aquellos que no le obedecen sean justamente juzgados [condenados] porque no le han obedecido; y que aquellos que han obedecido y creído en Él se les honre con la inmortalidad (Contra las Herejías, IV, 15)

Clemente de Alejandría (202 d.C.): Cuando escuchamos: “Tu fe te ha salvado”, no entendemos que el Señor dice simplemente que serán salvos los que hayan creído de cualquier manera, incluso si no se han hecho obras. Para empezar, fue solo a los judíos a los que pronunció esta frase, que habían vivido sin culpa de acuerdo con la ley y a quienes solo les había faltado la fe en el Señor (Stromateis o Misceláneas 6:14:108:4)

Orígenes (226-232 d.C.): Quien muere en sus pecados, aunque profese creer en Cristo, no cree verdaderamente en él; y aun si lo que existe sin las obras se le llame fe, tal fe es muerta en sí misma, como leemos en la epístola que lleva el nombre de Santiago (Comentarios sobre Juan 19:6)

Gregorio de Nisa (335-394 d.C.): “Pablo, uniendo la rectitud a la fe y entretejiéndolas, construye con ellas las corazas para el soldado de infantería, blindando al soldado de manera adecuada y segura en ambos lados. No se puede considerar que un soldado esté blindado de forma segura cuando cualquiera de los escudos está separado del otro. La fe sin obras de justicia no es suficiente para la salvación; ni la vida justa es segura en sí misma de la salvación, si está separada de la fe” (Homilías sobre Eclesiastés 8).

Juan Crisóstomo: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna”. ¿Basta, pues, creer en el Hijo, dirá alguien, para tener la vida eterna? ¡De ningún modo! Escuche a Cristo declarar esto mismo cuando dice: ‘No todo el que me dice: ¡Señor! ¡Señor!” entrará en el reino de los cielos’; y la blasfemia contra el Espíritu es suficiente para arrojarlo al infierno. Pero, ¿por qué debería hablar de una parte de nuestra enseñanza? Porque si alguno cree rectamente en el Padre y en el Hijo y en el Espíritu Santo, pero no vive rectamente, su fe de nada le servirá para la salvación” (Homilías sobre el Evangelio de Juan 31:1).

San Agustín (Obispo Católico de Hipona 391-430 d.C.): “Fue entregado por nuestras ofensas, y resucitó para nuestra justificación”. ¿Qué significa esto, “para nuestra justificación”? Para que pueda justificarnos, para que nos haga justos. Serás obra de Dios, no sólo por ser hombre, sino también por ser justo. Porque es mejor que seas justo a que seas un hombre. Si Dios te hizo hombre, y tú te hicieras justo por ti mismo, algo que hicieras sería mejor que lo que Dios hizo. Pero Dios te hizo sin ninguna cooperación de tu parte. No diste tu consentimiento para que Dios te hiciera. ¿Cómo podrías haber consentido, cuando no existías? Pero el que os hizo sin vuestro consentimiento no os justifica sin vuestro consentimiento. Él te hizo sin tu conocimiento, pero no te justifica sin tu voluntad” (Sermones 169:13).

“‘Pero sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es adorador de Dios, y hace su voluntad, a ese hombre Dios oirá’. Todavía habla como ungido. Porque Dios también escucha a los pecadores. Si Dios no hubiera escuchado a los pecadores, hubiera sido en vano que el publicano bajara los ojos al suelo y se golpeara el pecho diciendo: “Señor, ten misericordia de mí, pecador”. Y esa confesión merecía justificación, así como el ciego merecía iluminación” (Homilías sobre el Evangelio de Juan 44:13).